Competencias Ciudadanas. ¿Para qué?

Si se reconoce el aporte fundamental de la educación a la construcción de lo público a través de la formación ciudadana, ha de reconocer su aporte al desarrollo de la cultura política y al desenvolvimiento del entorno social, es decir, a la realización misma de los fines.

Cabe entonces preguntarnos ¿Cómo abordar desde la educación, la construcción y la comprensión de los nuevos códigos culturales para la formación de un ciudadano planetario?

Al decir de Rosario Jaramillo “creo que la única ventaja de la situación de tanta violencia que se vive en Colombia es que no hay que justificar un programa de competencias ciudadanas”.  A través de dicha expresión se puede inferir que hablar de competencias ciudadanas en Colombia, si bien es relativamente novedoso, la misma tiene una clara intencionalidad desde las políticas públicas; pues no se puede desconocer el accionar que estatalmente se ha emprendido tal como es: la formulación de unos estándares, competencias, criterios de evaluación, talleres de socialización de este tipo de iniciativas, a partir de mesas de trabajos por todo el país, creación de foros nacionales, vinculación de la educación superior a través de eventos académicos, divulgación de programas de formación direccionados por organismos internacionales no gubernamentales, estipulación de instrumentos de evaluación, creación de mecanismos normativos tendientes a la mitigación de los conflictos escolares y recientemente la aprobación de la cátedra de la paz como producto de un anhelo nacional como es la firma del principio del fin sobre el conflicto armado en Colombia y por ello,  surgen las utopías de atrevernos a hablar de una sociedad postconflicto pero con memoria histórica.

Sin embargo esta región del Caribe colombiano está en deuda con la elaboración de un estado de inventario sobre el impacto de dichos objetivos de formación, pues se evidencia en la región en referencia una apatía hacia el sentido de lo que implica una ciudadanía política, civil y cultural en los órdenes de la educación básica, media y superior. Educar bajo un  paradigma crítico no es nada fácil, máxime en un país con una conciencia histórica de larga duración que aún se le dificulta  entender que se habita con actores y estructuras laicas, de allí que para la configuración de una ciudadanía global es oportuna empoderar a los actores para satisfacer las necesidades de una verdadera justicia social, reconocer al que es diferente, convivir hombro a hombro con la diferencia y fortalecer el dialogo como camino a la transformación.

En ese orden de ideas, la formación para el ciudadano global ha de considerar tanto lo local como aquello se articula a la globalización: la participación, los códigos de comunicación, la sociedad del conocimiento, el impacto ambiental, la inclusión de la diferencia, la visibilización de las minorías étnicas, los derechos humanos, la bioética, la  sociedad del consumo, que habitan en la aldea global y aún pedagógicamente no logran impactar los procesos de formación académica.

 

Si bien insistimos que existen trabajos de corte regional que ya han expresado un proceso de balance sobre el impacto de la formación de la educación ciudadana no menos cierto es que nos compete trascender la concepción parroquial de formación ciudadana, ello no niega la dinámica relativa que se generan en los diversos contextos, máxime que hoy existen parámetro de unidad antes que de exclusión, ello es procesos donde se necesita de la solidaridad, del trabajo cooperativo, la intercomunicación, la retroalimentación de entidades y actores bajo un mismo fenómeno que se puede intervenir por la misma dinámica de las fronteras.  

 

Autor: Reinaldo Rico Ballesteros. Líder Apropiación Social del Conocimiento. Universidad de la Costa. CUC.

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