El lenguaje como instrumento de Comunicación e Interacción Social

Los actos comunicativos que se realizan entre maestros y alumnos es tan íntimo, tan privado, como el diálogo que se tiene con Dios en la oración. (Blanco, P.)

Blanco Miranda, Perla[1]

Universidad de la Costa CUC, docente

Los estudiantes actuales requieren de un elemento esencial para interactuar en la sociedad: la comunicación. Con ella expresan lo que son y lo que sienten aprenden a conocerse mejor y enriquecer la visión del mundo actual; para ello, utilizan un instrumento que los pone en contacto con el medio social y cultural: el lenguaje.

El lenguaje es mucho más que un conjunto de palabras y reglas gramaticales; es el vehículo mediante el cual expresamos ideas, compartimos emociones y nos conectamos con los demás en un nivel profundo. En el contexto universitario, donde el intercambio de conocimientos y la colaboración son fundamentales, el lenguaje se convierte en el principal instrumento de comunicación e interacción social.

No obstante, el saber comunicar lo que es o lo que se siente es cada día más materializado, pues los grandes adelantos tecnológicos la internet, el celular, la comunicación vía satélite, Instagram, entre otros impiden el desarrollo de las habilidades comunicativas; esto es, la palabra pierde su encanto y gana terreno la máquina ahorrando tiempo y espacio, pero perdemos nuestra identidad.

Lo anterior, ha generado una serie de conflictos y dificultades en todos los ámbitos; el más afectado es el universitario, puesto que el lenguaje utilizado por los profesores sobre los estudiantes crea dificultades en el proceso de enseñanza y aprendizaje convirtiéndolo, no en un instrumento de comunicación, sino en una barrera.

En efecto, algunos colegas mantienen en sus clases un lenguaje barroquiano, abstracto, con una terminología desconocida para los alumnos sobre todo para el de primer semestre. Este lenguaje especializado plantea a los estudiantes unas exigencias lingüísticas que son totalmente externos a la enseñanza de la asignatura; en otras palabras, el estilo del lenguaje puede evitar que se entienda el contenido y puede evitar que algunos alumnos contribuyan a cualquier diálogo establecido en clases (Barnes, 1969)

Otro problema que surge por el uso de este lenguaje especializado es que si el alumno no responde con la misma terminología del profesor su respuesta no tendrá buena aceptación. Las preguntas que hacen los maestros, el contexto en que estas se dan, el dominio que tiene el profesor controla los canales de comunicación, la cantidad de comunicación, el contenido de la comunicación, las formas del lenguaje (Gumperz y Herasimchuk, 1972)

Si se hiciese un estudio de estos factores, probablemente descubriríamos cómo hablan en realidad nuestros jóvenes estudiantes, cómo consiguen la aprehensión del conocimiento, de la investigación, qué otros criterios tienen por las otras áreas del conocimiento. Deberíamos ser más reflexivos al adoptar nuestro rol de maestro- adulto frente al aprendizaje del joven- alumno al momento de comunicar mensajes o de transmitir el conocimiento.

El diálogo en clases es y debe ser un sistema de comunicación, un sistema lingüístico y un sistema sociolingüístico. Es la mejor forma de romper las barreras entre el emisor y receptor -profesor/alumno- para que pueda darse a plenitud el proceso comunicativo y su respectivo feedback de manera que exista una coherencia y una interacción de ambas partes.

El alumno viene a la universidad a aprender de su maestro un cúmulo de conocimientos que después les servirá para su desenvolvimiento en la sociedad; por tanto, en lugar de preocuparnos por enseñar a nuestros estudiantes a elaborar y a reformular mapas conceptuales cada vez más complejos pero separados del individuo, habremos de preocuparnos del manejo de las actitudes y las posturas individuales en las diferentes prácticas profesionales.

 Llevar al estudiante a través del uso de la lengua a proyectar su vida desde la profesión o carrera que él ha elegido es el reto o el desafío que como docentes debemos manejar tener como centro de nuestra práctica docente.

Lo anterior es coherente con la propuesta de Batín (1953) de que la competencia discursiva implica el manejo de diferentes identidades posibles por eso ponemos a consideración el discurso no el texto como un conjunto de recursos que permiten proyectar e incluso en algunos casos enmascarar las actitudes y las posturas de los estudiantes.

En definitiva, el lenguaje es mucho más que palabras en una página o sonidos en el aire; es el pegamento que une a la comunidad universitaria. Al reconocer su poder como instrumento de comunicación e interacción social, podemos aprovechar al máximo su potencial para enriquecer nuestras experiencias de aprendizaje y fortalecer nuestras conexiones con los demás. Rompamos esquemas y abramos espacios al diálogo, al verdadero diálogo entre dos o más personas, que no se de en vía unilateral, sino entre dos individuos que buscan juntos el acercamiento, al dialogo que posibilita la comunicación y encuentro entre el pensamiento y el saber.

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