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Una mirada a la práctica docente desde los principios de identidad y desarrollo profesional


Por: Dr. Edgardo Rafael Sánchez Montero

Decano del Departamento de Humanidades Universidad de la Costa (Barranquilla, Colombia)

Director Ejecutivo (e) de La Casa del Maestro
 

La historia en su tránsito por la línea del tiempo, se ha constituido en fiel testigo de la evolución científica de la pedagogía, no sólo por el rigor teórico de las explicaciones respecto al fenómeno educativo, sino en la producción e innovación de técnicas que han evidenciado el avance del proceso enseñanza-aprendizaje. No obstante, más allá de la agenda temática que ocupa a esta disciplina en la actualidad desde su objeto de estudio, resulta esencial plantear en el marco de la investigación, una juiciosa revisión sobre cuál es la misión del maestro en este momento, así como el devenir que le asiste en su rol como dinamizador en el desarrollo humano; dicho en otras palabras, generar debates en torno al horizonte de la docencia como ejercicio que tributa de múltiples maneras a la educación, el cual a su vez se perfecciona con la emergencia de nuevos paradigmas.

De esta forma, la presente reflexión se sitúa en los aspectos vitales que gravitan sobre el sentido de la labor del educador en la transformación humana, así pues, estas ideas puntualizan los ejes del docente como ser humano, profesional y sujeto gestor de ciencia. En esa vía, se complementa el recorrido discursivo marcando especial énfasis en los posibles retos del quehacer del maestro en contexto.

Sin duda alguna, la acción del docente trasciende el imaginario técnico del ser profesor, en tanto que imprime al saber disciplinar sentido social con impacto en el educando; afirmación ratificada por Fierro, Fortoul & Rosas (1999), al proponer:

El trabajo del maestro está situado en el punto en que se encuentran el sistema escolar (con una oferta curricular y organizativa determinada), y los grupos sociales particulares. En este sentido, su función es mediar el encuentro entre el proyecto político educativo, estructurado como oferta educativa, y sus destinatarios, en una labor que se realiza cara a cara (pp. 20-21)

Bajo toda esta panorámica, es menester de las ciencias de la educación perpetuar en el encuentro interdisciplinario la amplitud de la actividad del educador, no sólo desde su función en el marco de la enseñanza, sino como sujeto dinámico. La práctica docente es de carácter relacional, objetiva e intencional; en ella intervienen los significados, actitudes y acciones de las personas involucradas en el proceso educativo, y por esto, repensar sobre el sentido de su trabajo resulta prioritario en lo epistemológico y profesional.

Con base en esto, se cimenta que el educador emprende acciones profesionales mediadas en gran proporción por su ser, es decir, la esencia que lo define, la vida que ha transitado y los rasgos de personalidad que configuran su psique, a esto se suman los conocimientos sociales y culturales adquiridos con el tiempo, imprimiendo valores en la cotidianidad que se desenvuelve. El docente se despliega en su labor diaria como un todo en imaginarios y simbolismos, como ser que ha ido construyendo una cosmovisión del mundo y de su práctica, integrando las diversas experiencias conformadas a lo largo de su trayectoria personal, académica y profesional (Gómez, 2005).

En este punto, la disertación sugiere la concepción del educador como ser histórico, individuo único e irrepetible, que se moviliza en múltiples relaciones al interior de un escenario particular, capaz de reconocer su presente con miras a la estructuración de su futuro. En esa dirección, el carácter humano que configura al docente en el hacer adquiere un matiz importante, pues en la interacción que el maestro genera con sus actores de influencia (educandos, pares y comunidad) se activan las percepciones propias y sociales respecto a la forma, calidad y estructura en la cual se establece la enseñanza, demarcando la naturaleza de su accionar en el entorno; en una palabra, la identidad.

Es claro que asumir una postura definitiva en el afán por definir este principio del “ser” en el maestro, seria caer en un antipático reduccionismo, no obstante, de esta mirada es relevante destacar como este proceso se gesta en una triada en la que se articulan la perspectiva propia del sujeto que se asume en la enseñanza, sus pares pedagógicos y la sociedad, dejando entre ver como la “identidad” es una construcción psicosocial no consolidada únicamente desde el educador. Así las cosas, es necesario reiterar que ésta no surge automáticamente como resultado de una mera formación profesional, por el contrario, se consolida desde un diálogo a múltiples voces de naturaleza compleja y dinámica, lo cual lleva a la disposición de representaciones subjetivas acerca del ser humano que enseña.

La construcción de identidad del maestro, vincula factores tales como el desarrollo humano y la valoración social de la importancia de la acción educativa; en este sentido, la identidad se fortalece de manera continua, pues debe asumirse en constante aprendizaje, que tiene la creatividad y la capacidad de asombro para tornar diverso cada día.

Sin embargo, en este punto existen tensiones fundamentales que rodean al educador en su dinámica ocupacional, dado que los cambios del orden social, operan también sobre el aula demandando del maestro una permanente mirada sobre su accionar desde todos los puntos de vista, al corresponderle integrar en la actividad pedagógica sus necesidades personales, así como la prioridad de establecer orden y enseñar. En su esfuerzo cotidiano, pone en juego su supervivencia económica, su satisfacción y realización, así como su bienestar y seguridad mental y física. Vive con riesgo el mantenerse en un espacio profesional, el contar con un estatus, con un modo de vida, con un futuro y una identidad profesional. En sí está en juego su autoestima y el conjunto de su existencia (Gómez, 2005).

En concordancia con lo anterior, la retroalimentación del acto pedagógico (en especial la del alumnado), marca una pauta en la percepción del ejercicio profesional del docente, afectando significativamente su estructura mental. Es por ello, que es clave gestar procesos de evaluación mediadores entre la sociedad y  el maestro, de tal forma que estos, vayan de la mano con la discusión y visión compartida de las exigencias y resultados esperados de la misión educativa en todo termino; así pues, se decanta con mayor coherencia, no sólo el deber ser, sino los componentes de la práctica profesional en los tiempos y lugares.

En suma, razonar el para qué de la práctica docente desde la identidad es tener espacio para observar y comprender en la investigación académica, variables como la historia de vida, el trabajo, la elección vocacional del maestro, su motivación  y satisfacción actual, sus sentimientos de éxito y fracaso, su proyección; bien para fortalecer políticas públicas que favorezcan sus condiciones o reorientar los procesos de formación universitaria para un mejoramiento en su desempeño.

A guisa de cierre, los desafíos que plantea la sociedad a la educación como objeto de conocimiento en este momento, superan la mera actualización disciplinar de la pedagogía como ciencia, para sugerir desde del orden teleológico (para qué educar, cómo educar, qué contenidos desarrollar, entre otros), el tipo de ser humano que se aspira formar. El mundo se mueve en el panorama del desarrollo tecnológico, la globalización, la ingeniería genética y el marcado consumismo, dando margen a la pregunta sobre ¿cómo responder a todo esto desde las ciencias de la educación? En el espectro de este escrito, esta cuestión lleva inexorablemente al maestro, pues su acción no puede ser estática en la línea del tiempo, por el contrario, cada uno de los principios se ajustan a las nuevas comunidades, sus formas de pensar, sentir y actuar.

Tomado de: Sánchez Montero, E. (2020). Una mirada a la práctica docente desde los principios de identidad y desarrollo profesional. CULTURA EDUCACIÓN Y SOCIEDAD11(1), 3-8. Recuperado a partir de https://revistascientificas.cuc.edu.co/culturaeducacionysociedad/article/view/2951