Reflexión sobre el papel de la evaluación en la educación.

“El profesor debería ser un crítico, y no un simple calificador”. Stenhouse (1984)

La evaluación es una acción inherente a la naturaleza humana. A lo largo del tiempo, el hombre siempre se ha cuestionado del porqué de su éxitos o derrotas en su vida ya sea de manera profunda o superficial. Al reflexionar sobre estas razones que lo llevaron a buen puerto o no, le permiten reconocer que le obstaculizó llegar o qué viento sopló a su favor para alcanzar su meta y así tenerlo en cuenta para una nueva travesía.

Ahora bien, en un proceso tan importante como la educación para el ser humano, la evaluación juega un papel significativo y fundamental que permea poderosamente tanto la enseñanza como el aprendizaje y no se le puede concebir como un agregado más. En palabras de Celman (1998):“La evaluación no es ni puede ser un apéndice de la enseñanza, ni del aprendizaje; es parte de la enseñanza y del aprendizaje.” (p.2). De ahí que se hace necesario que al diseñar e implementar tanto los procesos de aprendizaje como de enseñanza se debe pensar simultáneamente en la evaluación y viceversa, al hacerlo sobre evaluación se debe reflexionar sobre lo que se enseña y se aprende para generar una sinergia, una coherencia total, entre estos tres procesos fundamentales para una buena educación.

Esto invita a que la evaluación se conciba y se practique como un proceso inherente a la enseñanza y al aprendizaje para que así cumpla una función proactiva y se constituya en:“una herramienta de conocimiento, en especial para los profesores y para los alumnos, si es que se toman en consideración algunas cuestiones y se preservan y desarrollan otras” (Celman,2012, p.2). Herramienta que no solo se debe aplicar al final de un proceso, sino que acompaña toda la dinámica desde una concepción clara y pertinente con los contextos tanto locales como globales.

Ahora bien, la implementación de determinados métodos y técnicas de evaluación evidencian las distintas concepciones sobre este proceso que poseen ya sea el docente, la institución o el gobierno que la diseña, la implementa, la evalúa y toma decisiones sobre ella. Estas concepciones pueden encasillarse en dos grandes paradigmas: el positivista y el crítico.

Mg. Rober de Jesús Miranda Acosta

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