El Efecto De Las Multitareas En El Cerebro Del Estudiante Universitario

Basta mirar cualquier salón universitario contemporáneo para identificar la escena. El profesor explica, mientras buena parte de los estudiantes alterna entre el cuaderno, el celular, una pestaña abierta del computador, una notificación de WhatsApp y, cada tanto, una mirada al frente. La impresión que tienen muchos de ellos —y que defienden con cierto orgullo— es que su generación ha desarrollado una habilidad nueva: la de hacer varias cosas al tiempo sin perder el hilo. La neurociencia, sin embargo, lleva más de una década desmontando esa creencia con evidencia que conviene tomarse en serio.

La discusión empezó a tomar forma con el trabajo de Ophir, Nass y Wagner (2009), un estudio de la Universidad de Stanford que comparó a estudiantes que se consideraban grandes multitareas con otros que no. Los investigadores esperaban encontrar alguna ventaja cognitiva en el primer grupo. No la encontraron. Por el contrario, los multitareas habituales mostraron menor capacidad para filtrar información irrelevante, peor desempeño en pruebas de memoria de trabajo y mayor dificultad para cambiar entre tareas. Estudios posteriores han matizado algunos de esos hallazgos, y conviene decirlo con honestidad: la replicabilidad del efecto sigue siendo objeto de debate (Parry & Le Roux, 2021). Pero el panorama general, tras quince años de investigación, apunta en la misma dirección: la multitarea crónica con medios digitales se asocia con un control atencional más débil.

Lo que ocurre en el cerebro durante esas situaciones no es propiamente multitarea, y este punto es importante. El cerebro humano no procesa dos flujos de información compleja en paralelo: lo que hace es alternar entre uno y otro a gran velocidad, en un fenómeno conocido como cambio de tarea o task switching. Cada uno de esos cambios tiene un costo cognitivo: pequeñas pérdidas de información, microsegundos de reajuste, errores que se acumulan. Cuando el estudiante revisa Instagram mientras escucha al profesor, no está haciendo dos cosas al tiempo; está abandonando una y retomando la otra cada pocos segundos, pagando un peaje atencional en cada salto. Lo que se siente como agilidad es, en realidad, fragmentación.

Las consecuencias académicas de ese patrón están documentadas. May y Elder (2018), en una revisión sistemática, encontraron que los estudiantes que multitasquean durante las clases muestran peor promedio acumulado, menor comprensión lectora y notas de clase de menor calidad. Una investigación más reciente con estudiantes de ingeniería (Pérez-Juárez et al., 2024) reportó que las distracciones digitales tenían un impacto estadísticamente significativo en el desempeño en laboratorios, y que los propios estudiantes lo reconocían. No estamos hablando, entonces, de un efecto pequeño ni de un asunto subjetivo. Estamos hablando de una práctica generalizada que cobra factura en aprendizaje, calificaciones y, a más largo plazo, en la capacidad sostenida de concentración.

Hay algo que la conversación sobre multitareas suele dejar por fuera, y es la dimensión emocional. Investigaciones recientes en estudiantes universitarios han documentado lo que algunos autores llaman niebla mental o fatiga cognitiva: una sensación persistente de cansancio, dispersión y dificultad para sostener un pensamiento, asociada al uso simultáneo de múltiples pantallas y al miedo a perderse algo en redes (Tambun et al., 2024). El cerebro joven, sometido durante horas a este patrón, no solo aprende menos: termina el día agotado sin haber producido demasiado. Y esa fatiga, repetida semestre tras semestre, va minando precisamente las funciones ejecutivas que la universidad debería estar fortaleciendo.

Frente a este panorama, el aula universitaria tiene una responsabilidad que pocas veces se asume con la seriedad que merece. Prohibir celulares no resuelve el problema, y muchas veces lo agrava. Lo que sí parece funcionar, según la evidencia, es enseñar explícitamente a los estudiantes a manejar su atención: hacer visible el costo cognitivo del cambio de tarea, proponer bloques de trabajo profundo sin interrupciones, modelar desde el docente el hábito de cerrar pestañas y silenciar notificaciones durante las actividades de mayor exigencia. La atención sostenida no es un don con el que se nace; es una capacidad que se entrena, y la universidad es uno de los pocos espacios institucionales donde ese entrenamiento todavía puede ocurrir de manera deliberada.

Pensar el efecto de las multitareas en el cerebro universitario es, en el fondo, pensar qué clase de mente le estamos ayudando a construir al estudiante. Una mente fragmentada, hábil para responder a estímulos rápidos pero incapaz de sostener un argumento por más de unos minutos, no es solo un problema académico: es un problema ciudadano, profesional y vital. La universidad no puede ganar todas las batallas frente a la economía de la atención, pero sí puede ofrecer, durante unos años decisivos, un espacio donde la concentración profunda todavía sea posible, valorada y enseñada. Esa, quizás, sea una de las contribuciones más silenciosas y más urgentes que una institución como la nuestra puede hacerle a sus estudiantes.

Referencias

May, K. E., & Elder, A. D. (2018). Efficient, helpful, or distracting? A literature review of media multitasking in relation to academic performance. International Journal of Educational Technology in Higher Education, 15(1), 13. https://doi.org/10.1186/s41239-018-0096-z

Ophir, E., Nass, C., & Wagner, A. D. (2009). Cognitive control in media multitaskers. Proceedings of the National Academy of Sciences, 106(37), 15583–15587. https://doi.org/10.1073/pnas.0903620106

Parry, D. A., & Le Roux, D. B. (2021). “Cognitive control in media multitaskers” ten years on: A meta-analysis. Cyberpsychology: Journal of Psychosocial Research on Cyberspace, 15(2), Artículo 7. https://doi.org/10.5817/CP2021-2-7

Pérez-Juárez, M. Á., González-Ortega, D., & Aguiar-Pérez, J. M. (2024). Digital distractions and academic performance in engineering students. Education and Information Technologies, 29(8), 9437–9456.

Tambun, S., Sitepu, M., & Gultom, R. (2024). The impact of constant online presence and multitasking behavior on cognitive fatigue among Generation Z university students. Journal of Educational and Social Research, 14(5), 211–224.

Uncapher, M. R., & Wagner, A. D. (2018). Minds and brains of media multitaskers: Current findings and future directions. Proceedings of the National Academy of Sciences, 115(40), 9889–9896. https://doi.org/10.1073/pnas.1611612115

 

Dayana Marcela Mier Villalba

Arnold Francisco Díaz Jiménez

Profesores del Departamento de Humanidades – Universidad De La Costa, CUC.

Invitado

Mgtr. Sonnyer Martínez Moreno – Profesor Universidad De La Costa, CUC.

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