Ciudadanía Digital En El Aula Universitaria: Una Responsabilidad Que Aún No Asumimos

Hay una tranquilidad institucional sobre el tema de la ciudadanía digital que conviene examinar con honestidad. Las universidades latinoamericanas, en general, asumen que sus estudiantes son nativos digitales y que, por tanto, manejan bien las plataformas, las redes y la información en línea. Esa suposición ha permitido, durante años, que el asunto se mantenga al margen del currículo universitario, relegado a uno o dos cursos electivos, a un taller esporádico, o al supuesto de que cada profesor mencionará el tema cuando le parezca pertinente. La pregunta incómoda, sin embargo, es si esta tranquilidad está realmente justificada. Y la respuesta que ofrece la investigación reciente es bastante más inquietante de lo que el discurso oficial suele admitir.

Un estudio reciente con jóvenes universitarios documentó algo que cualquier docente atento ya intuía. Los estudiantes manejan, en efecto, competencias técnicas altas: usan plataformas con destreza, producen contenido con soltura, navegan con velocidad entre aplicaciones (Chenche-Jácome y Bodero-Arizaga, 2024). Pero los mismos estudiantes presentan deficiencias significativas en las dimensiones críticas de la ciudadanía digital: capacidad para evaluar la calidad de la información que consumen, conciencia ética sobre lo que comparten, participación responsable en debates en línea. Y lo más grave del hallazgo, que la investigación señala sin rodeos: las actividades académicas universitarias no muestran impacto significativo sobre estas dimensiones críticas. En lenguaje claro, la universidad no está formando ciudadanos digitales críticos. Y mientras tanto, los estudiantes van aprendiendo a habitar el mundo digital por su cuenta, en los términos que las plataformas mismas les imponen.

Conviene desactivar de entrada una idea cómoda. Que un estudiante haya crecido con dispositivos no significa, en ningún sentido, que tenga formada una ciudadanía digital crítica. La revisión sistemática de Sotelo-Núñez y colaboradores (2024) lo confirma con claridad: dominio técnico y competencia crítica son dos cosas distintas, y la primera no produce la segunda. Un universitario puede tener una cuenta de TikTok desde los doce años, manejar Instagram desde los catorce, usar la inteligencia artificial generativa con fluidez desde los dieciocho, y al mismo tiempo no haber sido nunca expuesto a una conversación seria sobre cómo se diseña la economía de la atención, qué cede al aceptar términos y condiciones, qué consecuencias tiene compartir contenido sin verificar fuentes, o qué significa convivir éticamente en un espacio público mediado por algoritmos. El supuesto de la nativez digital, leído desde esta evidencia, no es solo equivocado. Es estratégicamente conveniente para una universidad que prefiere no asumir esta tarea como propia.

Conviene aclarar de qué hablamos cuando hablamos de ciudadanía digital, porque el término se ha vuelto tan amplio que muchas veces no dice nada. Las publicaciones académicas serias lo organizan, con variaciones menores, en torno a varios componentes interrelacionados: alfabetización para evaluar información, conciencia sobre privacidad y datos personales, ética en la producción y circulación de contenido, convivencia respetuosa en espacios mediados, participación democrática en línea, conciencia sobre el modelo económico de las plataformas (Lozano-Díaz y Fernández-Prados, 2018). No es una lista cerrada, y cada componente exige profundidad propia. Lo que sí parece claro es que ningún componente se trabaja por ósmosis. Si la universidad no diseña experiencias específicas para cada una de estas dimensiones, los estudiantes terminan formándose en cada una por defecto: por lo que las plataformas premian, por lo que sus pares hacen, por lo que la indignación viral promueve esta semana.

Para Colombia, este diagnóstico tiene una capa adicional. López-Gil y Sevillano-García (2020), en un estudio con universitarios colombianos, encontraron que los estudiantes perciben sus competencias digitales de manera heterogénea: fuertes en interacción y creación de contenido, débiles precisamente en las dimensiones que más importan ciudadanamente, como la evaluación crítica de la información y la resolución de problemas. Esta brecha se cruza con un contexto nacional donde la desinformación política, los rumores virales, las cadenas de WhatsApp con información falsa y la polarización en redes han alcanzado escala suficiente para influir en elecciones, decisiones de salud pública y conflictos sociales. La pregunta, leída desde Barranquilla, Bogotá o Pasto, deja de ser teórica. Es una pregunta sobre el tipo de ciudadanos que la universidad está entregando a la vida pública.

Lo que la evidencia sugiere que funciona, frente a este panorama, no es un curso de ciudadanía digital añadido al pensum, aunque eso también puede aportar. Lo que funciona, sobre todo, es integrar el trabajo crítico sobre lo digital dentro de las asignaturas regulares. En la clase de comunicación, analizar cómo se construye una noticia viral. En la de economía, examinar el modelo de negocio de una red social. En la de ética, discutir las consecuencias de un acto digital concreto. En la de literatura, comparar la lectura profunda con la lectura escaneada. En la de investigación, evaluar fuentes en línea con criterios rigurosos. La ciudadanía digital no se enseña como contenido aislado, según muestra la literatura: se enseña convirtiendo lo digital en objeto de reflexión transversal, en cada disciplina, con criterios propios. Pero eso requiere algo que muchas universidades evitan: que cada docente se sienta responsable, y no solo el especialista en TIC.

Llamar urgente al tema de la ciudadanía digital ya no es una exageración retórica. Es la constatación de que la universidad latinoamericana lleva demasiado tiempo asumiendo que sus estudiantes ya saben lo que en realidad nunca aprendieron sistemáticamente. Y mientras la universidad se hace esa pregunta sin urgencia, los estudiantes salen al mundo, votan, opinan, debaten, comparten, compran, se relacionan, todo dentro de espacios que pocos comprenden críticamente. La responsabilidad, en términos honestos, es nuestra. No de las plataformas, que actúan según su modelo. No de los estudiantes, que aprenden lo que se les enseña o lo que el entorno les enseña en ausencia de la universidad. Es de la institución universitaria, que sigue tratando un asunto central de la vida contemporánea como si fuera una preocupación periférica. Y un asunto central tratado como periférico tiene un nombre preciso: omisión. Conviene, en algún momento, dejar de cometerla.

Referencias

Chenche-Jácome, W. L., & Bodero-Arizaga, L. del C. (2024). Educar para la ciudadanía digital en el contexto universitario. Código Científico Revista de Investigación, 5(2).

Guevara-Andino, J. H., & Delgado-Salas, J. A. (2024). Educación para la ciudadanía digital: preparando a los estudiantes para una participación responsable y crítica en la sociedad conectada. MQRInvestigar, 8(2), 4320–4338. https://doi.org/10.56048/MQR20225.8.2.2024.4320-4338

López-Gil, M., & Sevillano-García, M. L. (2020). Desarrollo de competencias digitales de estudiantes universitarios en contextos informales de aprendizaje. Educatio Siglo XXI, 38(1), 53–78.

Lozano-Díaz, A., & Fernández-Prados, J. S. (2018). Hacia una educación para la ciudadanía digital crítica y activa en la universidad. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa, 17(1), 175–187.

Sotelo-Núñez, A. C., Herrera Rojas, J. J., Herrera Rojas, M. Z., & López-Regalado, O. (2024). Competencia digital en estudiantes universitarios: una revisión sistemática. Horizontes Revista de Investigación en Ciencias de la Educación, 8(34), 1781–1800. https://doi.org/10.33996/revistahorizontes.v8i34.833

UNESCO. (2023). Marco de competencias ciudadanas digitales para la educación superior. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

 

Alba Cecilia Linares Soto

Arnold Francisco Díaz Jiménez

Profesores del Departamento de Humanidades – Universidad De La Costa, CUC.

Invitado

Mgtr. Sonnyer Martínez Moreno – Profesor Universidad De La Costa, CUC.

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