El Arte De Hablar En Público Sin Morir De Nervios

Hablar en público es una de las situaciones que más temor generan en muchos estudiantes, a lo largo de su recorrido formativo. Paradójicamente, la escuela cada vez pide más exposiciones orales, debates, sustentaciones, pero poco enseña explícitamente a manejarlas desde lo emocional, comunicativo y pedagógico. Basta con solicitar a alguien que pase al frente para exponer para que las manos sudorosas, las voces temblorosas y las miradas esquivas hagan acto de presencia.

El miedo a hablar en público no es un rasgo de carácter o una deficiencia personal, sino una reacción emocional normal ante la situación de ser observado y juzgado. A todo esto, la ansiedad escénica se relaciona con la autopercepción, la historia personal y el contexto en el que se da la interacción comunicativa (McCroskey, 1984; Bodie, 2010). Cuando la oralidad se transforma en una práctica sólo para ser evaluada, el miedo se agudiza; cuando se la vive como proceso formador, la angustia se atenúa.

En este sentido, hablar en público se concibe como una competencia compleja que integra aspectos cognitivos, comunicativos y socioemocionales. No es suficiente con hablar fluidamente, sino que implicar estructurar ideas, argumentar, interpretar la situación, regular las emociones y establecer una conexión con el público.  Pero en muchas aulas se sigue considerando que estas capacidades emergen de forma espontánea, sin una enseñanza específica, reforzando desigualdades entre estudiantes con diferentes trayectorias y niveles de confianza.

La literatura de educación emocional nos proporciona información esencial para entender la emoción. Goleman (1995) y Bisquerra (2009) afirman que la capacidad para reconocer y controlar emociones afecta directamente el rendimiento académico y comunicativo. En la oralidad, reconocer el miedo escénico, normalizarlo y manejarlo es mejor que tratar de eliminarlo. Desde esta perspectiva, enseñar a hablar en público es enseñar a manejar emociones en situaciones de exposición.

El aula puede constituir, entonces, el lugar por excelencia para ir desarrollando la expresión oral. Estrategias como las exposiciones cortas y frecuentes, los trabajos en grupos pequeños, las simulaciones, los debates dirigidos y la retroalimentación formativa han demostrado disminuir la ansiedad comunicativa (Bodie, 2010). Darle importancia al proceso, permitir el error y reconocer el esfuerzo permite que los alumnos desarrollen confianza sin sentirse constantemente evaluados.

El papel del profesor es esencial. No solo como evaluador del discurso, sino como negociador emocional y comunicativo. Asimismo, cuando el profesorado es consciente de que hablar en público también ha sido —o es— un desafío personal, se humaniza la experiencia y se refuerza la relación pedagógica, fomentando la participación.

Hablar en público no es solo una habilidad académica, sino una herramienta para la vida social y democrática. Posibilita la expresión de ideas, la defensa de posturas, la participación en la esfera pública, la ciudadanía. En una sociedad que exige comunicación y pensamiento crítico, la escuela no puede dejar al azar esta capacitación. Enseñar a hablar es enseñar a tomar la palabra con sentido, respeto y seguridad.

En resumen, hablar en público y no morir en el intento no implica deshacerse del miedo, sino aprender a vivir con él y convertirlo en un aliado. Cuando la escuela aborda este reto desde una pedagogía sensible a lo emocional y atenta la diversidad del alumnado, no solo logra mejores presentaciones, sino alumnos más seguros, expresivos y escuchados. Y eso también es formar es formar integralmente.

Referencias

Bisquerra, R. (2009). Educación emocional y bienestar. Praxis.

Bodie, G. D. (2010). A racing heart, rattling knees, and ruminative thoughts: Defining, explaining, and treating public speaking anxiety. Communication Education, 59(1), 70–105. https://doi.org/10.1080/03634520903443849

Goleman, D. (1995). Emotional intelligence. Bantam Books.

McCroskey, J. C. (1984). The communication apprehension perspective. En J. A. Daly & J. C. McCroskey (Eds.), Avoiding communication: Shyness, reticence, and communication apprehension (pp. 13–38). Sage.

Mercer, N., & Littleton, K. (2007). Dialogue and the development of children’s thinking. Routledge.

 

Emilce María Silvera Silvera

Arnold Francisco Díaz Jiménez

Profesores del Departamento de Humanidades – Universidad De La Costa, CUC.

Invitado

Mgtr. Sonnyer Martínez Moreno – Profesor Universidad De La Costa, CUC.

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