Estereotipos de aula en la relación estudiante-docente

Entre las paradojas que se tejen en esta sociedad colombiana en relación a la visibilización de los jóvenes, emergen voces que señalan  que estos, “No tienen valores”, que en definitiva, “No se interesan por nada”, esa superficialidad se evidencia en el hecho de que  “En definitiva no se esfuerzan para aprender”; de allí incluso, que se fortalezca la afirmación que los señala como “una generación perdida” y no suficiente con ello, “ Hacen parte de una sociedad de Cristal”; sin embargo cuando este inicia la ruptura de este tipo de estereotipos, se les califica como un grupo humano que con su actuar se constituye en una amenaza e incluso como un peligro para el grueso de la sociedad.

Ese concierto de miradas contradictorias, en donde por episodios se les exalta con estereotipos de “Ustedes son el futuro del país” y por otro lado se les sataniza, posibilita interpretar dicha manifestación en el ámbito de la educación, máxime que allí subyace un significativo encuentro e incluso desencuentro en un trabajo intergeneracional. En este escenario de comunicación, emerge la interpelación de ¿Cómo se da esa ese proceso de entendimiento? Es de entender entonces, que pertenecen a generaciones diferentes y los mismos en la cotidianidad suelen utiliza “códigos” distintos, lo cual genera una fuerte carga de tensiones. Así por ejemplo, el profesor sabe que sus estudiantes deben aprender ciertos “códigos”, pero no siempre estos los asumen.  Obsérvese que ya se suscita una tensión en dicha relación y bajo la estructura del aprendizaje. Pareciera entonces emerger la configuración de una relación antagónica por diversos factores, en donde es posible, esté presente la multiplicidad de códigos arraigados en la cultura y cada uno de los actores. ¿cognitivos?, ¿emocionales?, ¿poder?, ¿cultural? En fin dispositivos que polarizan el encuentro en la diferencia. Sin embargo, para logro de la tarea educativa, que no es más que entender la trascendencia de una “competencias”, unos “logros” en la ritualización de la sociedad, es indispensable aprender, los códigos básicos de los alumnos. Es vital comprender al otro, como una necesidad para que se despliegue el proceso educativo.

Es necesario encaminarse a la ruptura del imaginario de aquel docente que  tiende a creer que determinados valores sociales como “el compromiso social”, “el sentido de justicia”, “la responsabilidad”, “la honestidad”, “la tolerancia” están debilitados en la juventud actual. Esta actitud acrítica y generalizada es más débil cuando se trata de valores como “el amor a la libertad” o “el cuidado de la naturaleza”.
Este tipo de prejuicio produce la exclusión pedagógica de aquellos que no se interesan por el programa escolar; es decir marginalizamos a priori a ese estudiante que bajo la observación y posible percepción catalogamos como desinteresado en su proceso de aprendizaje. Este tipo de accionar, fortalece esa  actitud de pesimismo respecto de las nuevas generaciones y a su vez, se despliega de dicha actitud para muchos adultos que son padres  o profesionales interesados en la trascendencia de la persona humana.

Feb 2022.

Por: Reinaldo Rico Ballesteros. Líder de Apropiación Social del Conocimiento y DTeI. Universidad de la Costa. 

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