Introspección, Educación Superior Y Cultura Costeña
Hay una palabra que suena rara en muchos contextos de la vida costeña: introspección. Suena rara porque la cultura del Caribe colombiano se ha construido históricamente del lado del afuera —de la conversación, del cuerpo, de la calle, de la fiesta, del encuentro—, no del lado del adentro. Y, sin embargo, ningún proceso formativo serio puede sostenerse sin esa otra dimensión, la del estudiante que se detiene a mirar lo que está pensando, a preguntarse cómo está aprendiendo, a sospechar de sus propias certezas. Plantear este tema en una universidad de la Costa no es introducir un tema ajeno; es nombrar una tensión real que muchos profesores reconocemos sin haberla puesto nunca en palabras.
La psicología cognitiva tiene un nombre para esta práctica, y suena más complicado de lo que en realidad es: metacognición. El término lo acuñó John Flavell en los años setenta, y describe algo bastante intuitivo: la capacidad de pensar sobre el propio pensamiento, de mirar lo que uno está haciendo mentalmente mientras lo hace, y de corregir el rumbo cuando algo no encaja (Osses y Jaramillo, 2008). En la universidad, los datos son consistentes. Los estudiantes que desarrollan esta habilidad obtienen mejores promedios, sí, pero ganan algo más interesante: transfieren con mayor facilidad lo aprendido a contextos nuevos y se vuelven autónomos antes que sus compañeros (Zapata y Vesga, 2023). No es un dato menor. Significa que esa práctica de mirarse por dentro mientras se aprende —que suena casi a ejercicio espiritual— es, en términos cognitivos, una herramienta con efectos perfectamente medibles.
La pregunta interesante aparece cuando esta evidencia universal se cruza con la realidad cultural de la Costa Caribe colombiana. Investigaciones desde la sociología de la región, en la línea trazada por Orlando Fals Borda (1980, 2003), han mostrado que la cultura costeña es, en lo profundo, una cultura del contacto: del relato oral, del intercambio público, de la palabra dicha en presencia de otros. La identidad costeña, como ha planteado Sourdís (2022), se ha formado en torno a la fiesta, la oralidad y la comunidad, más que en torno al ejercicio solitario de la reflexión escrita. Esto no es un defecto. Es un rasgo cultural con virtudes propias —cohesión, hospitalidad, creatividad expresiva— que conviene reconocer sin nostalgia ni vergüenza. Pero también plantea un reto pedagógico que la universidad costeña no puede esquivar.
El reto se nota en el aula. Muchos estudiantes universitarios de la región llegan con una enorme capacidad para conversar, debatir, improvisar respuestas y sostener una discusión en grupo. Pero esa misma fluidez exterior, paradójicamente, puede dificultar el ejercicio metacognitivo que el aprendizaje profundo demanda: detenerse, releer, sospechar de la propia idea, ponerla por escrito y mirarla con distancia. Dicho sin tecnicismo: el costeño promedio resuelve bien en conversación, pero a veces le cuesta encontrar el silencio interior que exige la escritura académica. Esto no es una crítica al estudiante; es una observación sobre la forma específica que toma, en este contexto cultural, la dificultad de aprender. Reconocer esa forma es el primer paso para acompañarla con sentido.
Lo interesante es que esta relación funciona en doble vía. La universidad no solo recibe una cultura; también devuelve algo a ella. Cuando un estudiante costeño aprende a hacer introspección académica —a pensar despacio, a escribirse a sí mismo, a sostener una pregunta sin resolverla de inmediato—, no se vuelve menos costeño. Se vuelve un costeño con una herramienta nueva. Lleva esa herramienta a su casa, a su barrio, a sus conversaciones, a su vida profesional. Y, sin proponérselo, contribuye a enriquecer una cultura que históricamente ha sido fuerte en lo expresivo, pero que también necesita —como toda cultura viva— ampliar su repertorio de prácticas reflexivas. La educación superior, vista así, no transforma la cultura desde afuera. La fertiliza desde adentro, generación tras generación.
Esto exige a la universidad costeña una postura pedagógica precisa. No se trata de imponer un modelo importado de aprendizaje silencioso e individual, como si la oralidad y la vida comunitaria fueran obstáculos a superar. Se trata, más bien, de construir puentes entre las dos tradiciones: aprovechar la riqueza dialógica del estudiante caribe para llevarlo, desde la conversación, hacia la escritura reflexiva. Diarios académicos, escritura libre antes de las exposiciones, ejercicios de pensamiento en voz alta seguidos de redacción solitaria, lecturas comentadas que pasan del grupo a la página personal. Son prácticas pequeñas, pero que respetan el punto de partida cultural del estudiante y lo conducen, sin violencia formativa, hacia el ejercicio metacognitivo que toda educación superior exige.
Pensar la introspección desde la Costa Caribe es, en el fondo, pensar qué tipo de universidad queremos construir aquí, en este pedazo del país. No una que reniegue de su cultura para parecerse a otras, ni una que se quede atrapada en una versión simplificada de sí misma. Sino una que tome lo mejor de la tradición caribe —su capacidad de hablar, de relacionarse, de imaginar en colectivo— y le sume lo que la educación superior aporta cuando se la toma en serio: la pausa, la pregunta sostenida, la mirada hacia dentro. La Casa del Maestro, desde el Departamento de Humanidades de la Universidad de la Costa, ha venido insistiendo en esta dirección. Formar profesionales que conversen y que también piensen en silencio. Que celebren con los otros y que también sepan estar a solas consigo mismos. Esa, quizá, sea la versión más completa de lo que un costeño universitario puede llegar a ser.
Referencias
Fals Borda, O. (1980). Historia doble de la Costa, Tomo I: Mompox y Loba. Carlos Valencia Editores.
Fals Borda, O. (2003). La Costa Caribe frente a las regiones en Colombia. Cátedra Rafael Celedón. Universidad del Magdalena.
Flavell, J. H. (1979). Metacognition and cognitive monitoring: A new area of cognitive-developmental inquiry. American Psychologist, 34(10), 906–911. https://doi.org/10.1037/0003-066X.34.10.906
Osses Bustingorry, S., & Jaramillo Mora, S. (2008). Metacognición: un camino para aprender a aprender. Estudios Pedagógicos, 34(1), 187–197. https://doi.org/10.4067/S0718-07052008000100011
Sourdís Nájera, A. (2022). Identidad cultural en el Caribe colombiano. El caso del Carnaval de Barranquilla. Memorias: Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe, 46, 108–129.
Zapata, A., & Vesga, G. J. (2023). Habilidades metacognitivas en los procesos de aprendizaje en la educación superior: una revisión sistemática 2017-2022. Psicología UNEMI, 7(13), 73–93.
Brayan Breiner Calabria Pacheco
Arnold Francisco Díaz Jiménez
Profesores del Departamento de Humanidades – Universidad De La Costa, CUC.
Invitado
Mgtr. Sonnyer Martínez Moreno – Profesor Universidad De La Costa, CUC.