¿Son Los Therian Una Amenaza Real?

Los therian no constituyen una novedad histórica. Aunque para muchos medios de comunicación recientes el fenómeno parece emergente, su presencia documentada en comunidades digitales se remonta a la década de 1990, cuando comenzaron a organizarse foros en línea sobre identidad no humana. La preocupación social actual frente a la posibilidad de que este fenómeno “se expanda” recuerda reacciones similares que en su momento surgieron frente a subculturas como los emos, los hippies o los otakus, percibidas inicialmente como amenazas al orden social. Décadas después, estas identidades juveniles no solo se integraron a la dinámica cultural, sino que algunas incluso consolidaron nichos económicos y culturales propios.

El término therian (o therianthrope) proviene del griego thēríon (bestia) y ánthrōpos (humano), y se refiere a personas que se identifican de manera parcial o integral (en un plano simbólico, espiritual o psicológico) con un animal no humano. Esta identificación no implica necesariamente una creencia literal de transformación física, sino una vivencia subjetiva de afinidad identitaria (Lupa, 2007).

Desde los años noventa, comunidades en línea comenzaron a estructurar discursos sobre esta forma de identidad, diferenciándola de trastornos psiquiátricos. Investigaciones académicas preliminares sugieren que, en la mayoría de los casos, no se trata de un proceso psicopatológico, sino de una construcción identitaria vinculada a dinámicas de pertenencia y autodefinición (Grivell, Clegg & Clegg, 2014).

Los emos, hippies, otakus y los actuales therian comparten un rasgo fundamental de la condición humana: somos seres gregarios. La necesidad de pertenencia es un elemento constitutivo del desarrollo psicosocial. Tal como lo planteó Erik Erikson, durante la adolescencia y juventud se consolida el proceso de construcción de identidad frente a la confusión de roles, etapa en la que los grupos de referencia cumplen un papel decisivo (Erikson, 1968).

Pertenecemos primero a una familia, luego a un curso escolar y, progresivamente, buscamos comunidades que representen nuestros intereses, valores y afinidades. Este proceso es natural y forma parte del desarrollo humano. La identificación con figuras deportivas, héroes ficticios o artistas musicales también constituye un mecanismo simbólico de afirmación personal.

Desde esta perspectiva, la identificación therian puede entenderse como una forma contemporánea de construcción identitaria, mediada en gran medida por entornos digitales. No necesariamente implica despersonalización o disociación, sino una narrativa simbólica del yo.

La sociedad y en especial la educación no puede limitarse a sancionar o estigmatizar estas expresiones identitarias. Su función debe orientarse a comprender, dialogar y acompañar los procesos de construcción del sujeto. La escuela y la universidad están llamadas a formar pensamiento crítico frente a lo que circula en redes sociales, pero también a promover un enfoque inclusivo que respete la diversidad sin dejar de analizarla rigurosamente.

Educar no significa eliminar las diferencias, sino ofrecer herramientas para comprenderlas, contextualizarlas y reflexionarlas críticamente en el marco de la convivencia democrática.

 

Autor:
Brayan B. Calabria P.   Docente departamento de humanidades. 

Mgtr. Sonnyer Martínez Moreno – Profesor Universidad De La Costa, CUC

Referencias

Erikson, E. H. (1968). Identity: Youth and crisis. W. W. Norton.

Grivell, T., Clegg, H., & Clegg, J. (2014). An interpretative phenomenological analysis of identity in the therian community. Identity: An International Journal of Theory and Research, 14(2), 113–135.

Lupa. (2007). A field guide to otherkin. Immanion Press.

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